jueves, 13 de agosto de 2009

Y sigue papá.


Al salir de Burgos, hicimos una parada en un centro comercial para almorzar y, de paso, realizar algunas "comprillas" en un supermercado de dicha área.
Dejamos Burgos y nos dirigimos al Norte, hacia Santander. En cuanto divisamos la cordillera Cantábrica, el paisaje cambió bruscamente, y como dice mamá, el humor y el optimismo revierten en nuestro ánimo, al momento de divisar los verdes prados, bosque infinitos y pueblecitos colgados de los montes, que parecen una postal navideña: Todo limpio, todo de un verde intenso. Cada valle es distinto, pero nunca podríamos decir que es más bonito que el anterior. En el fondo de cada valle, su correspondiente río y ...¡Todos con agua!. Al atardecer una vaporosa niebla difumina, de un suave tono azulado, el horizonte y las montañas más lejanas.
He de decir que, por la mañana, cuando visitamos la Cartuja de Miraflores, nos apenó muchísimo el destrozo y mutilación, que los soldados napoleónicos hicieron de muchas de las figuras de esa maravilla escultórica de Diego de Siloé, en los mausoleos de los padres y hermano de Isabel la católica, un auténtico encaje en piedra. Menos mal, que todavía queda mucho que admirar de tan inigualable obra, por mucho que llegara a hacer la barbarie del felón invasor "gabacho".
Con todas las imágenes del día guardadas en nuestro cerebro, por la noche, comenzamos a ver una película que compramos en la Cartuja, y que trata de la vida de los monjes cartujos en la actualidad, titulada "El gran silencio", una obra de ritmo muy lento, como si quisiera subrayar la paz, el silencio y la mística de esos frailes, pero magníficamente realizada y con una fotografía espléndida, pero no llegamos a visionarla completamente por el cansancio del día.




Día 9 de agosto:

-San Vicente de la Barquera - - ->La Pola de Somiedo.

Nos despertamos temprano en la caravana, y la panorámica que teníamos debajo era indescriptible: Toda la ría y su desembocadura de San Vicente a nuestros pies. Todo el suelo tapizado de un césped de un tono verde brillante, mojada de la fina lluvia de la noche anterior, que contrastaba con el azul suave de la ría y del mar. La rápida bajada de la marea, hace aparecer pequeños islotes verdes en el centro de la ría.
Dimos un corto paseo por el área de descanso, admirando el paisaje y desayunamos en la caravana, ante el espectáculo que se nos ofrecía a nuestra vista.
Después, bajamos con la "auto" hasta el pueblo y aparcamos, sin dificultad junto a su gasolinera, en la entrada de la población. Paseamos durante unas 2 horas y comprobamos que estaba completo de turismo nacional, conservando sus calles el típico sabor marinero, pero contaminado por la avalancha y oferta turística. ¡Todo estaba lleno de veraneantes!. Nos sentamos en una cafetería, para tomar unos refrescos, y después, continuar viaje hasta Asturias.
¿A dónde dirigirnos?: Pregunta de fácil respuesta: Hacia Somiedo, siempre hemos tenido magníficos recuerdos de es precioso espacio natural

miércoles, 12 de agosto de 2009

Día 10
Sábado 8 de agosto
Desayunamos en la auto y nos vamos a ver la cartuja, que todavía hoy permanece ocupada por los monjes cartujos.
Sólo se puede visitar la antigua iglesia, que tiene una sillería muy bonita, el panteón de los reyes Juan II e Isabel de Portugal, padres de Isabel la Católica y el de su hermano, el infante Alfonso: una obra magnífica en alabastro y el retablo de madera policromada.
Al volver a la auto, nos encontramos bastante "depres", añorando las montañas y los verdes valles, frente a la austeridad de los páramos de Castilla. Así que decidimos regresar al norte y aterrizamos en San Vicente de la Barquera, el pueblo de Busta.
Que bonito, que verde. Los campings de por aquí, están repletos de gente y más parecen campos de refugiados, por lo que decidimos irnos a dormir a una zona de descanso que encontramos en la carretera, un sitio precioso con una increíble vista a la ría y a todo el pueblo.
Tranquilo y silencioso, y además gratis. Tenemos al otro lado de la carretera hasta vaquiñas.
comienza a llover y nos ponemos una película, pero papá se duerme, como siempre, y me está pegando el sueño, así que nos acostamos bien calentitos, con nuestro edredón, que parece mentira en el mes de agosto.
Nos levantamos temprano y desayunamos en una cafetería cerca del monasterio, por cierto que tuvimos que pasear haciendo tiempo porque no abren los cafés hasta las 10,30 mínimo,y nos fuimos a visitar el monasterio aún hoy ocupado por monjas del Cister.
Una autentica maravilla que deja claro cómo vivían las señoras Ilustrísimas Abadesas mitradas, con toda su comunidad de 200 monjas de la nobleza que escribieron una de las páginas más negras, para mí, de nuestra historia con tanto poder y tanta gloria, nada que ver con lo que se supone debe ser una monja.
una vez terminada la visita que duró más de una hora, fuimos al centro a visitar la catedral.
Que decir de la catedral, no hay palabras, sus vidrieras, sus capillas,el encaje de bolillo en piedra de su cúpula, indescriptible, hay que verla.
Pero a mí, entre tanta grandiosidad, me inundan pensamientos siempre muy tristes: cuantas vidas se quedaron aquí y cuantos sudores de tantos siervos, que trabajaron sin descanso por un mísero salario, en el mejor de los casos, para que nosotros hoy nos regalemos la vista.
¿De verdad, entre tanto pan de oro, arcos y capiteles, hay que buscar a Dios?
Después de tanta mística, fuimos a castigarnos con un buen lechazo regado con un estupendo vino de la ribera del duero que son el complemento ideal del canto gregoriano.
y de postre, leche frita.
Todo ello en el mesón del Cid que dicen es de los mejores de estas tierras del Campeador.
Luego, después de pasear un poquito, para ayudar a digerir tan opípara comida, nos vamos a la caravana y marchamos al camping Fuentes Blancas en el mismo burgos y enfrente de la cartuja de Miraflores.
No está mal, aunque hay mucha gente, hace mucho viento y a las 11 se fue la luz.
Así que nos acostamos a descansar y mañana será otro día.
Jueves 6 de agosto.
Día 8º de viaje:
Urroz-Pamplona Burgos:
Bueno, lo de Urroz- burgos es un decir.
Lo único que le encargué a papá que fue el botiquín, y se viene sin sus pastillas; Así que nos fuimos a Burguete a buscar una farmacia, pero no las tenían, por lo que decidimos irnos a Pamplona que era la ciudad más cercana, pero por el camino, en un pueblo que se llama Erro, entramos en la farmacia y las tenían, pero hacía falta una receta y a ser posible de la S.S. (seguridad social, que lo otro suena muy mal), porque las pastillitas costaban 98 €. De manera que tuvimos que volver hacia Burguete, en busca del único centro de salud de la zona y del único médico que no estaba de vacaciones. Con seguimos por fin, después de pedir hora y guardar turno, la recetita, y vuelta otra vez a Erro a por las pastillitas. Y mira que le avisé que echara unas cuantas recetas por si acaso.
Bueeeeeno, unos cuantos paseos, pero problema resuelto. Ya son las 13,30 horas entre unas cosas y otras, pero como está cerca seguimos a Pamplona para comer allí.
Y se nos pasó pronto, porque aparcamos en la plaza de toros (en los alrededores, no dentro). Y nos fuimos a tomar unos pinchos por la calle Estafeta que está al lado. Luego comimos en un mesón de esta misma calle: papá, como podéis imaginar, se colocó un hermoso chuletón, esta vez con cerveza sin alcohol, porque había que conducir.
Después, nos sentamos en el café Iruña a tomarnos un "idem".
Pues aquí no se acaban ni los problemas ni los paseos:
Al coche, se le encendió una lucecita con una llave inglesa y que no teníamos ni idea de lo que era. Fuimos a preguntar a un taller que encontramos en los alrededores de un centro comercial y nos dijeron que no lo podían arreglar, pero que seguramente,era una avería del motor nos mandó a un pueblo donde estaba la casa Ford, que se llama Arre: se ve que por aquí les gusta el nombrecito, hay un Erro, Urroz y ahora Arre, y gracias a que funciona el Ton-Ton, que si no....
una vez en Arre y en la casa Ford nos dijeron que no nos preocuparamos, que eso se le enciende cada cierto número de km para avisar que se le haga la revisión.
Esta vez, ya por fin, nos encaminamos a Burgos, una vez resueltas todas las incidencias, y cuando llegamos aparcamos junto a las tapias del monasterio de las Huelga, según mis notas, un sitio tranquilo y bien situado. nos arreglamos un poco y fuimos a pasear al centro. Ya era de noche, a las 10,30 cogimos el trenecito turístico que hacía un recorrido nocturno, subió hasta el castillo y la vista era una maravilla, todo Burgos iluminado.
luego tomamos unas cervecitas y volvimos a la caravana a dormir.
Continúa el miércoles 5 de agosto:
Y sigue papá:
Al poco tiempo aparecieron unas pequeñas nubecillas y fuertes rachas de viento y pronto el calor que había fue desapareciendo y oscureciéndose todo, comenzando un fuerte chaparrón que nos obligó a ir corriendo a cerrar ventanas y escotillas de la caravana, siguió lloviendo durante la tarde, pero el frondoso césped proporcionaba un magnífico drenaje natural que a pesar del fuerte aguacero no se produjo ni un solo charco.
Al final de la tarde cesó la lluvia, y quedó una noche bastante fresquita. Cenamos frugalmente. Durante toda la tarde, la luz del camping se conectaba y se desconectaba cada dos por tres ya que había muchos truenos y relámpagos. Cuando cesó la tormenta y se reanudó el suministro eléctrico, mamá logró conectar la tv y se veía nítidamente el canal 1 de tve. Vimos después una película y nos acostamos a dormir; Al día siguiente, teníamos previsto continuar viaje.

lunes, 10 de agosto de 2009

Día 7
Miércoles 5 de agosto
Todo el día en el camping de Urroz
Decidimos quedarnos aquí para disfrutar un poco y poner algo de orden con la ropa, , como estamos todos los días en ruta no puedo lavar porque luego no se puede tender para que se seque.
Así que hacemos la colada, organizamos la auto y vamos a darnos un bañito; Hay una piscina cubierta pero según la ley esa de la mala suerte justo los miércoles está cerrada por limpieza, entonces nos vamos al río al que le han hecho una pequeña presa y queda una piscina natural muy graciosa, con sus escaleritas y todo.
Y sigue papá:
El agua estaba muy limpia, pero fría. No obstante, vimos que se estaban bañando niños y mayores, si bien, a las señoras le tenian bastante respeto a la inmersión, expresando con gestos y agudos grititos el cambio de temperatura que experimentaban al contacto con el agua.
Yo comencé a meterme los pies y piernas en el agua, hasta la altura de medio muslo, comprobando que, ciertamente, el agua estaba muy fría, por lo que decidí salir un poco hasta acostumbrarme. Momentos después, bajé hasta la zona del entablaje, que hacía represa natural al agua del río y entre rendijas de las tablas, salía el agua a fuerte presión, o aquello parecía como una cascada natural, por lo que sin pensármelo más, me puse debajo y en los primeros momentos, me quedé pasmado y aterido, pero poco a poco, esa sensación se fue disipando, por lo que ya me atreví a meterme todo el cuerpo en la piscina natural y dar algunas brazadas, con mi peculiar y mal estilo natatorio.
Al salir, me encontré con un vigor y une sensación de fuerza indescriptibles y comencé a animar a mamá a que también ella se fuera metiendo en el agua.
Había también, otras dos señoras, una de ellas astrónoma, que nadaba sin cesar, y para ella el frío no contaba; pero en cambio, su otra compañera, (enfermera) no lograba acostumbrarse y en cuanto intentaba meterse en el agua por encima de las rodillas gritaba, y se salía inmediatamente, hasta que poco a poco, logró meterse en el agua con su compañera. Todo ello y mi insistencia, fue animando a mamá hasta lograr ella misma meter todo el cuerpo en el agua. Comenzó cogiéndole gusto a aquello y acabó disfrutando en el agua como los niños que continuamente saltaban, chapoteaban etc.
Después nos tendimos sobre el césped y disfrutamos del sol sin pasar calor. Por fin, volvimos hasta la caravana para almorzar. Lo mejor, es que podíamos ir descalzos durante todo el trayecto, porque el camping estaba completamente tapizado por un césped que parecía un campo de fútbol.
Mamá preparó un suculento almuerzo y después, nos fuimos a la sombra, debajo de unos frondosos árboles, tendidos en nuestras butacas reclinables y comenzamos a leer,pero no llevaríamos leída más de una página, cuando nos quedamos profundamente dormidos en una apacible siesta.
Día 6
Martes 4 de agosto
Por la mañana fuimos a Ochagavía, otro pueblo, este, un poquito más grande, aunque tampoco demasiado. Estamos haciendo un recorrido donde no hay de nada, así que nos va a costar llevar un regalo para todos como no sea un chorizo, queso o pate de oca, tambien hay unos panes de esos artesanos y buenísimos pero tampoco me parece, es que aquí no hay ni las típicas tiendas esas para los turistas.
Pues en este pueblo hay un centro de interpretación y papá anda queriendo subir a un sitioque tiene 24 km de carretera (lo de carretera es un decir ) de montaña con muchas curvas y muy estrecha, a mí me da mucho miedo, pero papá está empeñado.
Bueno, pues después de recoger información tiramos hacia arriba, hacia la selva de Irati, que el señor nos acompañe.
Y no me equivoqué, por la carreterita no c aven dos coches y tiene unos repechos y unas cuestas arriba indescriptibles, pero bueno por fin llegamos.
Una vez arriba resultó ser una maravilla de sitio, lleno de rutas con diferentelongitud y dificultad, hay una zona con mesas y barbacoas y mucha agua por todos sitios.
Decidimos hacer la ruta más fácil por aquello de mi mala pata y era preciosa llegaba hasta la cascada del cubo y había gente bañandose, yo sólo metí los pies pero estaba helada.
Lo más gracioso de todo era un grupo que había allí de señoritos jerezanos que se habían venido con sus caballos en un camión de una empresa de transportes de Antequera, y ya digo se traen los caballos hasta el pirineo para darse un paseito, todos ellos equipadisimos de pantalón y botas de equitación chuleando con su caballo, y nada, se dan una vueltecita, porque no hay para más, el caballo al camión y ellos a ponerse puas con el catering que les acompañaba y el chico que les servía, lo que hay que ver.
Luego, y después de una siestecita, me quedé frita en la auto, nos fuimos hacia Roncesvalles por una carretera infernal que riete tu de los caracolillos de Velez y como en la copla un monte tras otro monte igual que el anterior. No, fuera de bromas pasamos por unos valles preciososcon unas laderas verde intenso y unos bosques de ensueño, hasta un camping en Urroz que se llama también Urroz porque estan a orillas del río Urroz.
Un sitio organizadísimo, limpio y cuidado como pocos hemos visto.
Había pocos itinerantes como nosotros, la mayoría eran fijos en casitas de madera o en caravanas de familias de los alrededores que pasan allí el verano.
Asombra el tremendo silencio. Hay montones de niños que juegan y no hacen ruído, quizás los bosques que nos rodean absorven el sonido.
La paz te inunda por todos sitios.
Luego escribimos un poquito en el blog y nos acostamos bien liados en el edredon porque fuera hace un frío que pela.