lunes, 10 de agosto de 2009

Día 7
Miércoles 5 de agosto
Todo el día en el camping de Urroz
Decidimos quedarnos aquí para disfrutar un poco y poner algo de orden con la ropa, , como estamos todos los días en ruta no puedo lavar porque luego no se puede tender para que se seque.
Así que hacemos la colada, organizamos la auto y vamos a darnos un bañito; Hay una piscina cubierta pero según la ley esa de la mala suerte justo los miércoles está cerrada por limpieza, entonces nos vamos al río al que le han hecho una pequeña presa y queda una piscina natural muy graciosa, con sus escaleritas y todo.
Y sigue papá:
El agua estaba muy limpia, pero fría. No obstante, vimos que se estaban bañando niños y mayores, si bien, a las señoras le tenian bastante respeto a la inmersión, expresando con gestos y agudos grititos el cambio de temperatura que experimentaban al contacto con el agua.
Yo comencé a meterme los pies y piernas en el agua, hasta la altura de medio muslo, comprobando que, ciertamente, el agua estaba muy fría, por lo que decidí salir un poco hasta acostumbrarme. Momentos después, bajé hasta la zona del entablaje, que hacía represa natural al agua del río y entre rendijas de las tablas, salía el agua a fuerte presión, o aquello parecía como una cascada natural, por lo que sin pensármelo más, me puse debajo y en los primeros momentos, me quedé pasmado y aterido, pero poco a poco, esa sensación se fue disipando, por lo que ya me atreví a meterme todo el cuerpo en la piscina natural y dar algunas brazadas, con mi peculiar y mal estilo natatorio.
Al salir, me encontré con un vigor y une sensación de fuerza indescriptibles y comencé a animar a mamá a que también ella se fuera metiendo en el agua.
Había también, otras dos señoras, una de ellas astrónoma, que nadaba sin cesar, y para ella el frío no contaba; pero en cambio, su otra compañera, (enfermera) no lograba acostumbrarse y en cuanto intentaba meterse en el agua por encima de las rodillas gritaba, y se salía inmediatamente, hasta que poco a poco, logró meterse en el agua con su compañera. Todo ello y mi insistencia, fue animando a mamá hasta lograr ella misma meter todo el cuerpo en el agua. Comenzó cogiéndole gusto a aquello y acabó disfrutando en el agua como los niños que continuamente saltaban, chapoteaban etc.
Después nos tendimos sobre el césped y disfrutamos del sol sin pasar calor. Por fin, volvimos hasta la caravana para almorzar. Lo mejor, es que podíamos ir descalzos durante todo el trayecto, porque el camping estaba completamente tapizado por un césped que parecía un campo de fútbol.
Mamá preparó un suculento almuerzo y después, nos fuimos a la sombra, debajo de unos frondosos árboles, tendidos en nuestras butacas reclinables y comenzamos a leer,pero no llevaríamos leída más de una página, cuando nos quedamos profundamente dormidos en una apacible siesta.

No hay comentarios:

Publicar un comentario